jueves, 26 de febrero de 2015

Ganar o perder



Hace tiempo, oí a alguien decir una frase que se me quedó grabada en lamente: “¿Qué es lo peor que te puede pasar si no ganas? Pues que sencillamente aprenderás algo”.

No sé si es por la tremenda credibilidad que para mí tiene esa persona, o porque de alguna manera inconscientemente ya lo tenía en cuenta, pero puede que esta sea una de las frases que más me han ayudado a no plantarme ante los retos, esos que simulaban inalcanzables.

Normalmente, estamos tan condicionados por la idea de que lo mejor es ganar, que por miedo a no conseguirlo ya ni siquiera lo intentamos. Otras veces, aún después de haberlo intentado, caemos en una profunda desilusión y desesperación por no haberlo conseguido, olvidándonos de todo lo demás y de todo lo bueno que implica haber luchado.

Querer ganar no está mal, ya que en la mayoría de los casos nos impulsa a luchar por lo que queremos y anhelamos. En cambio, si nos mostramos con miedo ante un objetivo que parece imposible, no podremos ni siquiera luchar. Y en la lucha está el aprendizaje.

Y, como acostumbro a pensar, si luchas al final siempre acabarás ganando algo. Por un lado, puedes ver cumplido tu objetivo y sentirte orgulloso porque toda esa lucha al final habrá dado sus frutos. Y, por otro lado, aunque no lo consigas, habrás conseguido mucho (puede que hasta más que logrando tu objetivo). Te habrás dado cuenta de tus errores, los cuales no tendrás en cuenta en el caso de que ganes.

                                 



Pero lo mejor vendrá luego, cuando una vez hayas asimilado los errores (esos que todo el mundo comete) porque será el momento de aprender de ellos, de tenerlos en cuenta la próxima vez que te plantees un reto.

Y cuando lo consigas, después de más o menos intentos fallidos, ahí será cuando te des cuenta de que el esfuerzo vale la pena y que los triunfos, cuando se forjan con tiempo y dedicación, son cuando más se valoran, cuando más importante te hacen sentir.

Ahora parece que, como suelen decir, ganar no es lo más importante. Pero no por haber participado, sino por haber luchado y haberte sacrificado.

Y aunque al final parezca que de cualquier manera ganas, no es así. Porque también se puede perder, pero no nos confundamos, el que pierde no es el que no logra sus objetivos, sino el que no se molesta en aplicar lo aprendido.

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